martes, 9 de diciembre de 2008

OPINION

¿Que Espera el Mundo de Nosotros?


Cada vez se escuchan más casos de jóvenes que han insultado, humillado e incluso pegado a un adulto. ¿Cada vez hay menos educación? La juventud ha perdido tantas cosas. Para la juventud de hoy, que se muestra desencantada e indiferente, al menos al parecer, frente a los grandes problemas de todo orden (políticos, sociales, económicos, culturales, religiosos, etc.), la palabra “valores” no ejerce mucho efecto en sus oídos.


¿Y quiénes son los responsables de este hecho? Los adultos y los jóvenes. Los adultos, por no haber enfatizado en la educación de los jóvenes ni haber buscado la mejor forma de hacer comprender al joven la importancia de reflexionar en torno a la misma. Los jóvenes, por desinteresarse de los valores morales, por simplemente considerarlos aburridos y poco dignos de prestarles más atención.

De la sola mención de este tema se vienen a mi mente las siguientes preguntas: ¿Qué estamos haciendo los jóvenes o que no estamos haciendo? ¿Estamos haciendo algo o no estamos haciendo nada? ¿Somos realmente la esperanza de nuestro país? ¿Podemos serla si hacemos poco o casi nada por él? ¿Puede confiar nuestro país en que seremos los ciudadanos honestos y responsables que él espera que seamos? En un mayor porcentaje se ha visto que los jóvenes de hoy prefieren la diversión al estudio.


Los jóvenes prefieren la ligereza de la vida fácil, precipitada y entretenida aunque moralmente vacía a la vida reflexiva, pausada y seria de una existencia comprometida con la sociedad, con la patria, con los demás, con la vida misma. Las fiestas, los juegos, la afición por el fútbol, la música y todo tipo de diversiones cumplen un papel primordial antes que sus estudios. Los jóvenes de hoy se contentan con cumplir los requisitos mínimos exigibles para el desarrollo de una tarea o trabajo cualquiera. Esto se refleja en las actitudes de muchos jóvenes universitarios frente a las cuestiones académicas. Se toman la molestia de hacer cálculos a fin de ver cuánto esfuerzo necesitan desplegar para dar término a una meta u objetivo.


La mayoría tiende a dejar sus tareas u obligaciones para el último momento. Los jóvenes de hoy han perdido el respeto a sus mayores y a las autoridades civiles y eclesiásticas, ya que ¿cuántos jóvenes dan el asiento en los micros a las señoras con paquetes, a las señoras embarazadas, a los ancianos y ancianas, a los niños y niñas? ¡Seamos sinceros! Algunos incluso podrán objetar que ésta es una costumbre pasada de moda. Los jóvenes de hoy consumen cantidades y no viven o valoran las cualidades. No resulta difícil ver a los jóvenes adquirir uno tras otro una serie de productos no alimenticios, como cigarrillos, gomas de mascar, golosinas galletas, caramelos, papitas y bebidas alcohólicas principalmente cerveza. Con esto y muchos otros conceptos me doy cuenta que hacen falta más jóvenes con valores, con principios auténticos, no simplemente importados o fingidos. Necesitamos jóvenes que aprecien y sepan cultivar la amistad, la bondad, la justicia, la solidaridad, la honestidad, el honor, la rectitud, la prudencia, la determinación, la perseverancia.


El mundo tal como esta ahora es un mundo material, debemos transformarlo en un mundo sensible, único en el cual el ser humano pueda desarrollar sus ideales, desenvolverse con toda facilidad, con una mentalidad limpia sin deseo de maldad con un bien para todos y una plena libertad espiritual.

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